12-10-2020 -

Dolor por la muerte de Hugo Arana

Dolor por la muerte de Hugo Arana

El actor de 77 años había tenido un accidente doméstico Y fue ingresado en el Sanatorio Colegiales, lugar en donde lo hisoparon y el resultado dio positivo de Covid.

El actor Hugo Arana, de extensa trayectoria en teatro, cine y televisión murió a los 77 años en en el Sanatorio Colegiales. El reconocido artista había sido hospitalizado hace unos días por un accidente doméstico. Sin embargo allí le realizaron el hisopado, que confirmó que estaba contagiado de COVID-19.

“Lamentamos comunicar que en el día de hoy a las 0.30 horas se produjo el fallecimiento del señor Ricardo Hugo Arana”, sostiene un informe difundido por el centro médico donde estaba internado el actor. “El señor Arana ingresó el día 27/09/2020 producto de un cuadro sincopal en su domicilio. entre otros varios estudios que se realizaron a su ingreso, los que corresponden a imágenes de tórax fueron compatibles con infección de Covid, lo cual se corroboró en el hisopado por PCR que se realizó a continuación. El paciente permaneció aislado y con todos los cuidados necesarios para un cuadro de covid. Se le estaban realizando estudios de alta complejidad en relación a sus antecedentes cardiológicos severos, hasta el día de hoy donde falleció de un paro cardiaco súbito”, precisó la doctora María Cristina Lacunza, directora médica del sanatorio.

Hugo Arana perteneció a ese selecto grupo de gente imprescindible. Esas personas que trascienden no solo por su arte sino también por su coherencia. Querido y respetado por todos, logró transitar la última etapa de su vida en un estado reservado para pocos: la sabiduría. Porque Arana podía reírse de su falsa muerte anunciada tres veces por twiter y desmentir por enésima vez con una sonrisa que Facundo Arana fuera su hijo.

Pero también se lo veía marchar por las causas que consideraba justas, colaborando con cortos de algún estudiante de cine con más ideas que recursos o respondiendo con amabilidad y sinceridad las preguntas de un periodista famoso pero también las de un diario barrial o las de un alumno de una escuela de periodismo.

Su niñez y adolescencia transcurrieron lejos de los escenarios. Creció en Monte Grande donde sus padres eran los caseros de una quinta. El sueldo alcanzaba para cubrir apenas las necesidades básicas. La cocina funcionaba a leña, a la noche iluminaba un sol de noche, la ducha era una lata agujereada y el dentífrico se suplía con sal gruesa. “A los 11, nos mudamos a Lanús y para mí fue pisar el asfalto por primera vez. Cuando abrí la canilla y salió agua lo viví como un milagro”, recordaba sin rencores. En la adolescencia fue albañil, pintor, electricista, colocador de alfombras y hasta jugador de las inferiores de Lanús. Con un amigo, Carlos Herrera se hicieron amigos del proyectista del cine de la zona que desde la cabina y gratis les permitía disfrutar de las películas. No eran tiempo de combos de pochoclo pero sí de mate y bizcocho y de salir del cine soñando ser recio como Marlon Brando pero nunca actor.









 

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